Kermes

La industria textil siempre ha sido cosa de mujeres. Sobra decir que me refiero a la mano de obra. Parafraseando a Kate Millet, “mientras nosotras amábamos (sustitúyase por hilábamos, tejíamos, teñíamos, cosíamos y un sin fin más de pretéritos imperfectos) los hombres gobernaban”. Y lo siguen haciendo. Se calcula que entorno al ochenta por ciento de la mano de obra en la industria textil la conforman mujeres. Sin embargo se estima que en los cargos directivos gira entorno al veinte por ciento.

La vulneración de los derechos de las mujeres sigue latente en las calles, en los puestos de trabajo, en nuestro círculo más cercano e incluso en nuestras propias conciencias, legitimándose por construcciones sociales que las mujeres muchas veces asumimos y de las cuales somos partícipes en ocasiones.

¿Cómo es posible que todavía tengamos que escondernos la compresa para ir al baño? ¿Cómo puede ser que nos duela la barriga en vez de los ovarios? ¿Cómo podemos aguantar que nos llamen locas? Estos actos son la consecuencia directa de un patriarcado represivo, porque ¿qué diferencia hay entre que te prohíban hablar de tu regla a que te condenen por hacerlo? Débil, histérica, inestable. Son algunas de las perlas silenciosas (a veces no tanto) que aguardan en el pensamiento del que nos condena.

Hablar de la regla incomoda. Se palpa en el ambiente. Se siente el pudor al hablar de menstruación. Nuestra sociedad patriarcal la oculta y la rechaza hasta el punto de invisibilizarla a través de la desnaturalización (véanse anuncios de compresas y tampones donde mágicamente la sangre menstrual es azul. Aunque ahora que lo pienso, quizá se trate de sangre Real, por eso de ser princesas).

Y es que en realidad la sangre no es el problema. El problema es que es nuestra, de las mujeres menstruantes, y que sale por el coño. Por ejemplo, lo vemos claramente en el cine. Si Van Damme te parte la cara, esa sangre sí que es buena.

¿Qué ocurriría si la menstruación no fuera visible, si la sangre de repente no manchara? Probablemente todavía seguiríamos en una caza de brujas. La mancha, tristemente, es la prueba. Como si tuviéramos que demostrarlo y la sangre nos salvara de las críticas por el desequilibrio hormonal u otros síntomas aparentemente invisibles. No. No nos salva pero, de no ser por ella, probablemente la menstruación sería completamente “invisible”.

Kermes es una reivindicación. Un reclamo de la menstruación como nuestro proceso biológico y natural. Y eso es lo que pretende, naturalizarlo y hacerlo visible.

La idea conceptual del proyecto gira entorno al textil en dos direcciones. En un primer lugar, Kermes un homenaje a todas las mujeres del sector textil que han luchado por sus derechos y su libertad. Un homenaje a todas las mujeres que han perdido la vida en las fábricas, principal escenario histórico de reivindicaciones laborales y sociales de las mujeres. En segundo lugar, la mancha como la prueba de que la menstruación no es “invisible”.

Kermes es belleza visual. Una serie de fotografías construidas desde un punto de vista cercano, aunque no íntimo, en las que se establece un vínculo directo y poético entre la sangre y el textil a través de planos detalle: gotas de sangre en un mar de fibras naturales, manchas uniformes que se asemejan a un campo de cultivo, … La abstracción en algunas ocasiones invita a usar la imaginación sin perder la perspectiva. Fotografías que buscan armonía visual para desmitificar que, la sangre menstrual, pertenece al grupo de lo feo y demostrando que lo que la hace desagradable es la construcción social que hay entorno a ella.

Kermes es el nombre de un pigmento rojo natural que se obtiene de las hembras de un insecto de la familia Coccoidea, concretamente de la especie Kermes Vermilio. Estos insectos habitan en Europa y Medio Oriente y viven de la savia de ciertos árboles. El ácido quermésico, que es la sustancia colorante de estos insectos, se extrae de sus huevos. Por este motivo se recolecta solo a las hembras en un momento del año en que están cargadas de huevos. Tras la recolección se las deseca. Durante este proceso pierden dos tercios de su peso adquiriendo el aspecto de pequeñas semillas (de ahí que al producto también se le llame grana). Luego son pulverizadas y se obtiene el pigmento en forma de polvo rojo.

De ahí el nombre homónimo del proyecto, ya que se asemeja metafóricamente con el proceso creativo y productivo del mismo. La sangre utilizada ha sido recolectada a través de una copa menstrual durante varios periodos menstruales.

El proyecto se presenta en la maqueta de un fotolibro / fanzine.